
A su vez, Jean-Philippe Rameau en 1722, considerado como el músico más erudito de su época, escribió el “Tratado de la Armonía” reducido a sus principios naturales. Su trabajo estuvo enfocado en lograr que la música, hasta entonces considerada como un arte, alcanzara el rango de ciencia deductiva como las matemáticas. Expresaba sus ideas de la siguiente manera: "El sonido es al sonido, lo que la cuerda es a la cuerda". Para él, toda armonía, toda melodía provenía de la Naturaleza.
Ahora
bien, esa Armonía que todos, en mayor ó menor grado somos capaces de
detectar en el mundo exterior, es también una constante en nuestras
vidas que nos mantiene en estado de salud, equilibrio y bienestar. A
nivel individual se traduce en la coherencia de nuestros pensamientos,
emociones y acciones en concordancia y perfecta relación con los demás
seres humanos, con la tierra y todas sus criaturas. Cuando este balance
se ve perturbado podemos estar seguros que entramos en una fase de caos,
de desigualdades e injusticias a todo lo cual sigue el inmenso dolor
que ha sido una constante en la historia de la humanidad.
Pero,
¿cómo restaurar el equilibrio sino a través de la comprensión, no
teórica sino vivencial, de nuestra naturaleza? ¿Cómo restaurar el
equilibrio sino saliendo de las mezquindades del hombre depredador,
egoísta y ávido de poder? En nosotros está el problema pero también la
solución.
Se cuenta, que en cierta oportunidad, alguien le
preguntó a Lincoln, por qué razón se expresaba bien de sus enemigos aún
cuando le habían causado mucho daño. Y el, imperturbable respondió: ¿acaso no los destruyo al convertirlos en mis amigos?
Recordemos siempre que “los diferentes sonidos, uniéndose, crean armonía”, tal como en su tiempo, expresara LaoTsé. Aceptar nuestras diferencias y reconocer nuestras semejanzas es la nota clave para comenzar a ejecutar la sinfonía.....
Mayra Fuencisla Rodríguez
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